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Cristina Gil Rigall · Relaciones conscientes

Cristina Gil Rigall

Blog

Lo que te molesta del otro habla de ti

Para entenderlo

Proyección psicológica · Carl G. Jung: Concepto desarrollado por Carl G. Jung, psiquiatra y psicoanalista suizo. Jung definió la proyección como el mecanismo psicológico inconsciente por el que atribuimos a otras personas aspectos, heridas, deseos o defectos de nuestra propia personalidad que rechazamos en nosotros mismos (lo que llamó «la sombra»). Desde una mirada de conciencia de unidad, la relación con el otro funciona como un espejo: aquello que en una conducta ajena te despierta una carga emocional desproporcionada suele señalar algo no integrado en tu propia historia.

Una aclaración previa fundamental: una cosa es lo que el otro hace y otra muy distinta cómo lo vives tú. Si alguien te falta al respeto, te agrede física o verbalmente o vulnera tu integridad, la responsabilidad de esa conducta es exclusiva de esa persona. La autoindagación nunca justifica el daño ni pide aguantar lo inaceptable; ante una agresión o un abuso, lo primero es el límite y la protección.

Hecha esa distinción, miremos las situaciones cotidianas. Imagina esta escena: estás en una reunión de trabajo o en una comida familiar. Una persona dice con tranquilidad «hasta aquí llego yo hoy, el resto no me corresponde» y se marcha. A varios compañeros les da igual; a ti, en cambio, te hierve la sangre por dentro y te pasas la tarde rumiando lo «egoísta» que es.

La conducta objetiva es simple: alguien dijo que no y se marchó. Tu reacción emocional desmedida, sin embargo, te pertenece a ti. ¿Por qué te remueve tanto a ti y no a los demás? Muy a menudo, porque esa persona se está permitiendo en público algo que tú te tienes terminantemente prohibido hacer: priorizarte, descansar o poner un límite sin sentir culpa.

Cuando miras el hecho concreto y te preguntas qué dice de ti tu reacción, dejas de desgastarte intentando cambiar a los demás y descubres qué parte de ti necesita atención.

¿Quién tiene el mando de tu paz?

Para entenderlo

Locus de control · Julian B. Rotter: Teoría formulada por Julian B. Rotter, psicólogo estadounidense, en 1954. Rotter definió el «locus de control» como el grado en que una persona percibe que el control sobre los acontecimientos de su vida procede de factores internos o externos. Con un locus de control externo, tu bienestar, tu éxito o tu estado anímico dependen de la suerte, el destino o las acciones de los demás. Con un locus de control interno, comprendes que, aunque no puedas controlar todo lo que ocurre fuera, sí tienes la capacidad y la responsabilidad de decidir cómo respondes, qué límites fijas y qué haces con lo que sientes.

Tener un locus de control interno no significa culparte de lo que ocurre. Si alguien te miente, te engaña o te grita, esa conducta es responsabilidad de quien la comete, no tuya. Asumir el control interno no es cargar con la culpa ajena: es preguntarte qué vas a hacer tú ante esa realidad.

Pensemos en un ejemplo concreto: has quedado a cenar con tu pareja o con una amistad a las 21:30. Dan las 22:15, llega sin haber avisado, se sienta y mira el teléfono móvil mientras le hablas.

El patrón con locus de control externo suena así: «Es que me arruina la noche», «Es que me hace sentir invisible», «Hasta que no se dé cuenta de cómo me trata y cambie, yo voy a estar mal». En ese instante, le has entregado el mando a distancia de tu paz. Te quedas en una posición pasiva y resentida, esperando un cambio que quizá nunca llegue.

El giro hacia el locus de control interno cambia la pregunta: la conducta del otro es un hecho observable (llegó 45 minutos tarde y no avisó). Pero tu paz depende de tu respuesta: puedes cenar a tu hora en lugar de esperar con hambre, puedes expresar con calma que no toleras que no te avisen y puedes decidir marcharte si la situación se repite.

Cuando dejas de preguntar «¿por qué me hace esto?» y pasas a «¿qué voy a hacer yo ante esto?», recuperas tu poder de decisión.